viernes, 23 de diciembre de 2022

PERMÍTANME ESTA REFLEXIÓN

UNA INOCENTE MENTIRITA

El hijo del vecino (*) acababa de ver un tramo de una película navideña. Sus padres la observaban y él, al pasar frente a la TV, se detuvo. Se hablaba de que Santa Claus llegaría esa noche a dejar sus regalos. El hijo del vecino, hacía unos años que lo sabía: Santa Claus (o Papá Noel) no existe. Luego conversó con su madre. “Mami, supongamos que no existiera esta leyenda. Que nadie les hable a sus hijos de Papá Noel. Que en los avisos comerciales no se lo mencione. O sea, hagamos de cuenta de que en la sociedad no existe nada de lo que sucede hoy con Papá Noel”. Su madre no entendía adonde quería llegar el adolescente, pero contestó: “De acuerdo”. 

El muchacho prosiguió: “Ahora hagamos de cuenta que un día papá te dice: ‘Querida, se me ocurrió una idea. ¿Qué te parece si inventamos un personaje? Que viaja por el cielo en trineo y que viene una vez por año a la tierra. Después le contamos a nuestro hijo que es auténtico. Le decimos que si se porta bien el hombre le va a traer regalos. ¡Y nunca le diremos la verdad! Recién sabrá que es falso cuando, por su edad, él mismo se dé cuenta. Y no sólo eso, sino que también tratamos de que lo mismo hagan nuestros amigos en sus casas’. Si papá te propusiera esto, ¿vos que contestarías, mami?”. 

La señora pensó unos segundos y respondió: “Creo que le diría que está loco, que yo jamás te metería semejante idea en la cabeza”. El hijo replicó: “Bueno, ¿y entonces por qué me engañaron? La única diferencia es que la farsa no la inventaron ustedes, pero hacerla, la hicieron igual”. 

A veces el sistema nos impone un mandato y no pensamos si está bien o mal, solo lo acatamos porque es lo que hace la mayoría. En el caso “Papá Noel”, un absurdo engaño disfrazado de mentirita inocente, se sostiene por décadas, naturalizado y alimentado por gigantescas razones, como el afán por consumir y cuestiones que darían material para escribir un libro entero. Sin embargo, una mentira, siempre es una mentira.

Dice la Biblia: Aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des pobreza ni riquezas, sino solo el pan de cada día. Proverbios 30:8.

 (*) Acá o en cualquier rincón del mundo… El “hijo del vecino” podrías ser vos, yo, o cualquier hijo de vecino.




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