Oskar Wildau nació el 29 de julio de 1879 en la ciudad alemana de Schmechten. Hijo de Nepthali Wildau y Dorette Herzberg, fue el mayor de ocho hermanos. Se casó con Mathilde Schonau (nacida en 1888) y tuvo tres hijos: Walther (1908), Herbert (1909) y Heinz (1915). Los cinco emigraron a la Argentina a fines de la década del ’30. No lo hicieron por placer sino por necesidad: la persecución a los judíos por parte del nazismo había comenzado a complicar severamente la vida de quienes vivían en las tierras gobernadas por el régimen de Adolf Hitler.
Oskar tenía poco menos de sesenta años cuando desembarcó en Buenos Aires junto a Mathilde. Vinieron en el buque Gral. Artigas. No pasó mucho tiempo hasta que la familia recaló en Colonia Avigdor, un pequeño pueblito de Entre Ríos poblado, mayoritariamente, por judíos alemanes que escapaban de la convulsionada Europa. En ese impensado destino tuvieron que ponerse a trabajar duramente, afrontando una nueva etapa de su existencia. Acostumbrados a la vida de ciudad, Oskar y los suyos –así como tantas familias de los nuevos colonos- debieron aprender sobre tareas rurales y habituarse al campo a los apurones. Colonia Avigdor era una población que ni siquiera figuraba en los mapas. No había luz eléctrica, tampoco agua corriente y mucho menos, gas. El caballo era el medio de transporte exclusivo para recorrer las grandes distancias. De surgir algún problema de salud de consideración, la alternativa médica más cercana era Bovril, un pueblo algo más grande, situado a varios kilómetros de Avigdor.
Oskar y Mathilde tuvieron ocho nietos, todos, nacidos en la Colonia. Ricardo (1938), Mariana (1940) y Roberto (1941) eran hijos de Walther y su mujer Edwig. Inés (1939), Alfredo (1940) y Juan (1941), lo eran de Herbert y Gertrud; Esther (1939) y Eduardo (1944), eran hijos de Heinz y Ruth.
Uno de los siete hermanos de Oskar, Leopold (1883), también arribó a la Argentina en 1938, aunque con algunos meses de diferencia. No fue en enero sino en septiembre. Tampoco fue a bordo del buque Gral. Artigas, sino del Monte Rosa. Otra diferencia sustancial, es que junto a su familia se radicó en Colonia Juanita, provincia de Santa Fe, y no en Entre Ríos. Oskar y Leopold fueron los únicos hermanos que sobrevivieron a la Shoa. Cuatro de ellos, Hugo, Albert, Karoline y Rudolph, habrían sido trasladados a distintos campos de concentración. Existen datos concretos de que Hugo estuvo en Auschwitz, Albert en Riga y Karoline en Zamosc. Además, Salomon falleció en 1828, mucho antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y David lo había en 1888, a las pocas semanas de haber nacido.
La década del 50 marcó la partida de gran cantidad de colonos, que se fueron de Avigdor y se mudaron a centros más poblados, especialmente, a Buenos Aires. Los Wildau también siguieron el mismo rumbo, abandonando, al promediar la década, la sacrificada vida rural para dejarse seducir por las luces de un mundo que prometía mejor futuro para ellos y sus hijos recién salidos de la niñez. Los tres hermanos, Walther, Herbert y Heinz, se radicaron en Buenos Aires, llevando consigo a Mathilde, su madre. Su esposo Oskar, en cambio, no llegó a la gran ciudad: falleció en Avigdor, el 17 de marzo de 1954. En el modesto cementerio entrerriano, se encuentran sus restos.
Los nietos crecieron y en Buenos Aires se amplió la descendencia. Así, fueron naciendo los 13 bisnietos: Susana –más conocida por su apodo, Pupi-, hija de Inés; Sergio y Karina, hijos de Esther; Viviana y Rodolfo, hijos de Ricardo; Daniel, Gabriel y Roxana, hijos de Juan; Darío y Vanesa, hijos de Roberto; Verónica y Guillermo, hijos de Eduardo; y Pablo, hijo de Alfredo.
Más adelante, cada bisnieto formaría su propia familia. La lista de los tataranietos es demasiado larga para este breve relato, por eso, con hacer mención que suman 27 será suficiente. Pero hay más, porque hace siete años nació el primer integrante de la generación de los choznos. Se trata de Misael, el hijo de Matías, quien a su vez es hijo de Susana y nieto de Inés.
En síntesis, si se toma como punto de partida al matrimonio conformado por Oskar y Mathilde, la cuenta arroja un total de 52 descendientes –sin contar a los cónyuges-. La cifra aumentaría considerablemente si en lugar de contar a partir de ellos dos, se comenzara desde la generación anterior, es decir, la del Nephtali, el padre de Oskar, quien tuvo siete hijos con su mujer Dorette Herzberg. Pero ese linaje previo forma parte de una memoria más profunda, que aguarda su propio relato.
Agradecimiento: Peter Loewenstein.

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